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Yo; "el libro" Otro día, dejaría de ser libro si no empezara agradeciendo
mis pastas, mi portada de cartón couché, mi contraportada
y todas mis páginas: ¡No al editor! ¡No a quién lo escribe!, sino a
quién con su ilusión y pasión, su cariño y empuje, a quién con
su increíble emoción me enseñó a escribir con sus cartas en los
primeros folios en blanco que ella me hizo llegar con sus relatos,
desde el exterior, junto con un libro: "The Secret" (El Secreto),
Rhonda Byrne, con esta dedicatoria manuscrita: "Espero que te
ayude mucho, igual que a mí. Un besito. Moni", a la prisión de
Soto del Real, Madrid V; a mi hija mayor, Mónica Sáinz Rivera.
La mejor hija fisioterapeuta que tengo. Tomen nota.
Creo que está escribiendo por mí el autor... (nota de el libro).
A Rhonda Byrne, por producir y escribir ese libro que me llevó a
la prisión mi hija Mónica, convencida de que me iba a ayudar en
esa difícil situación.
Pues bien; gracias a ti, Rhonda, yo he escrito mi libro "Otro día".
Tú me diste la idea que mi hija Mónica me animó a escribir.
Al magistrado juez señor Niño, porque gracias a él viví la historia
que relato en mi libro. Al no liquidar en el juzgado que él presidía
los novecientos euros de multa a los que me condenó, hizo ejecutar el derecho que el Código Penal le otorgaba, conmutando el
pago de mi condena económica por el de mi ingreso en prisión,
durante siete meses y quince días.
A mis hijos: Cecilia, Álvaro, Íñigo y Borja Sáinz Rivera, por todo
su apoyo que, en forma de cariño y de amor, también me hicieron
llegar junto con su hermana Mónica y en cantidades inconmensurables,
a la prisión de Soto. Desde sus casas, con sus cartas y con
su presencia los domingos en la propia cárcel.
A mis hijos, Javier y Marcelo Sáinz Fernández, porque estoy seguro
de que si hubieran podido, también lo habrían hecho.
A mis dos últimos hijos, Rodrigo y Óscar Sáinz Ariño, los benjamines
de ésta mi gran familia, que por su corta edad, cinco y tres
años, y con su inocencia, me hicieron ser cada día, algo más joven,
enérgico y capaz, de vivir el tiempo de mi condena con la máxima
ilusión y esperanza.
A todos los que me habéis ayudado en esos momentos estando
ahí, hermanos; Jaime, Lola, Susana y María.
A mi cuñado y abogado, Cacu, Manuel Ariño Argüello, por su
gran aportación en tiempo, cariño y generosidad. Tanto como cuñado,
que como letrado.
Y por supuesto, a quién más me hace sentir en este momento de
mi vida. Que también es quién más me aguanta. Todos los días. Y
además, recarga mis pilas desde hace once años; la madre de mis
hijos Rodrigo y Óscar: Sara Ariño Argüello. Mi mujer.
Y desde luego, a ti, Fernando..., gracias.