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Nadie nace delincuente.
Nadie nace hablando chino, alemán, inglés,...
Nacemos en China, en Alemania, en Inglaterra,...
Nacemos en Madrid; en el barrio de Salamanca, en Manoteras,
en el Pozo del Tío Raimundo...
Y aprendemos a hablar en chino, en alemán, en inglés,...
Y nos llevan al colegio Maravillas, con los de La Salle,...
Y aprendemos Matemáticas, Lengua, Urbanidad, Cultura,
Principios,...
Y no nos llevan a ningún colegio.
Y sólo aprendemos: violencia, hurto, robo, drogas,...
Y el nacido se hace abogado, ingeniero, atracador, camello,
delincuente...
En ocasiones, el nacido en Alemania estudia inglés o español; el
que aprendió a ser delincuente, se hace abogado o estudia chino,
y también el abogado y el ingeniero, abandonan el bufete y el despacho
y se meten en política, en el Ayuntamiento.
Y aprenden a ser delincuentes.
Pero no es su lengua materna, como no lo son para el delincuente
materno sus estudios de leyes o de idiomas.
El delincuente "de leche" nunca termina de integrarse en el Colegio
de Abogados.
El delincuente "tardío" nunca llega a ser un buen preso.
Pero en el siglo veintiuno vivimos fuera de los límites de velocidad
reconocidos por Darwing como viables para la condición humana.
Y ello ha conseguido invertir la calificación en las cárceles,
sobre la peligrosidad del preso; sobre el temor que inspira.
Hace unos años, nos aterraba leer sobre las andanzas de "El
Lute", que luego se hizo abogado.
Ahora, el morbo del preso nos lo sirven con el abogado, con el
empresario, que supuestamente se hizo delincuente: Mario Conde,
Francisco Correa,...
Eso sí; aprendieron cuando les enseñaron. Tan culpable es la Sociedad,
en un caso, como en el otro.
La Sociedad tiene que evitar, que poner los medios.
La Sociedad debe destruir los centros y las academias en donde
sea posible matricularse en la enseñanza de esa asignatura llamada
delincuencia.
No habría especulación ni delincuencia sin los tremendos beneficios
que producen las drogas o la recalificación de los terrenos.
El "mulero" y el "prevaricador" tendrían que buscarse la vida de
otra manera.
La droga, su venta, su comercio, su calidad, la debería de controlar
el Estado.
El suelo y su recalificación; la urna, el pueblo.
Es una opinión; mi opinión.
Y no es broma.
El autor.